Mi reino es verdad

Reino(Por: Fr. Héctor Herrera, O.P.) Con la fiesta de Cristo Rey, culminamos el año litúrgico y se inicia un nuevo año. El reino de Jesús, no es como los reinos de este mundo. El evangelio de Jn 18,33-37, nos presenta el juicio de Jesús ante Pilato, representante del imperio romano, quien le pregunta ¿Eres tú el rey de los judíos? (v.34). ESCUCHAR AUDIO

El proceso de Jesús es toda una ironía, fruto de una farsa. Es el riesgo de los inocentes, que lo asume. Será objeto de burla de parte del opresor, lo coronarán con espinas (Jn 19,1-3), el pueblo lo aclamará (Jn 19,5ss). Su trono será la cruz (Jn 19,13-16)

Jesús hace una clara diferencia entre su reino y los reinos de este mundo que se basan en el poder, la opresión, la injusticia y la muerte contra los inocentes; cuyo poder está en la fuerza de las armas y el terror. Su reino es vida, justicia, paz, reconciliación, amor, respeto por la vida y los derechos fundamentales de todo ser humano. Su relación es horizontal rey maestro y discípulos. El romano y los imperios sucesivos son autoritarios, verticales: dominadores y súbditos. El reino de Jesús nos exige unidad y coherencia de vida, verdad, honestidad, solidaridad.

“Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quién está de parte de la verdad escucha mi voz” (v.37). Es un claro testimonio que Jesús siembra el amor y la vida. Todo discípulo, a, por nuestro bautismo hemos nacido a una nueva vida para dar testimonio de aquél que es vida; como “el buen pastor está dispuesto a dar la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). No teme al poderoso romano. Es consciente que la condena a muerte es evidente. Por eso proclama la verdad que nos hace libres y nos llama a la unidad, porque el reino exige unidad y testimonio, fidelidad a su Palabra para conocer la verdad (cf. Jn 8,31-32). El soberbio Pilato, como los soberbios poderosos de este mundo son sordos, no escuchan la respuesta y con cinismo dicen ¿Qué es la verdad? (v. 38). No quieren saber ni escuchar la verdad. En nuestro mismo país, como en tantos otros, cuando se descubren los miles de muertos inocentes, víctimas de la violencia, cuando no se respeta la vida y las tierras de los pueblos indígenas, cuando los dirigentes mundiales no escuchan y cierran sus oídos a la verdad del agotamiento del planeta tierra, cierran los oídos y el corazón a Dios y a la humanidad.

Jesús proclama la Verdad de Dios, que nos hace libres y hermanos para vivir una vida nueva. Se constituye en el Señor de la vida, la verdad y la historia frente a la mentira de este mundo. Es la lucha entre la luz y las tinieblas. Por eso la Iglesia, comunidad de seguidores de Jesús estamos llamados a ser testigos de la verdad. Porque la Iglesia “germen y principio de este reino” (L.G. 5), está llamada a anunciar el reino de Cristo y a establecerlo entre todas las gentes.

Nuestra vocación es convertirnos y creer que Cristo con su muerte y resurrección ha vencido a todo poder opresivo de este mundo. Nuestra misión es caminar, acompañar a nuestro pueblo, porque “Nuestros pueblos no quieren andar por sombras de muerte; tienen sed de vida y felicidad en Cristo. Lo buscan como fuente de vida. Anhelan esa vida nueva en Dios…” (D.A. No. 350). Tu reino es vida, verdad, justicia y paz, he allí el desafío de todo creyente. (Domingo 34 T.O.B. D.22.11.2015. Jn. 18,33-37)