“Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23, 43)

padre giovanni(Por: P. Giovanni Sabogal).- El Hijo del hombre vino al mundo por misericordia y por voluntad de nuestro Creador, para salvarnos. Dios Padre a pesar de todo, de nuestros errores, de las mentiras, las negaciones, de la incredulidad, de la falta de coherencia, de nuestros pecados envió a su hijo único para redimirnos en una cruz, en el misterio salvífico de su pasión, muerte y resurrección, como lo expresan los evangelios.

Cristo, que lo ha dejado todo, incluso en los momentos cruciales de su vida en la Cruz, antes de morir, es insultado por una ladrón, que toda su vida ha robado. El ladrón no mide sus palabras y hiere a Jesús, retándole, burlándose de él “¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lc 23, 39). Tanto es el dolor y la humillación de Cristo, como lo expresa san Pablo, que estando a punto de morir sigue sufriendo a causa de nuestro pecado.

A pesar de todo, Cristo sigue firme en la Cruz y por medio de la Cruz “nos ha mostrado su omnipotencia y ahí nos ha perdonado. Ahí se cumple su donación de amor y surge para siempre nuestra salvación. Muriendo en la cruz, inocente entre dos criminales, Él testimonia que la salvación de Dios puede alcanzar a todo hombre en cualquier condición, incluso en la más negativa y dolorosa” (Papa Francisco).

Jesús no mira su falta (ladrón), al contrario desborda de amor y de misericordia, porque su amor no tiene límites y barreras, es para todos. Dios ha venido, no sólo para los buenos o los que se creen buenos, sino para todos, incluso para los malhechores. No hay pecado que no pueda perdonar, si hay un verdadero arrepentimiento. En éste tiempo de misericordia obremos como Cristo, amando a todos como él nos ama.

El buen ladrón muestra su arrepentimiento, cuando le increpa al otro ladrón: “¿No temes a Dios tú?. Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, pero éste no ha hecho nada malo” (Lc 23, 40-41). El ladrón bueno siente y muestra respeto, y temor a Dios, y su conversión.

Jesús a pesar que la muerte se le avecina, perdona y le promete el paraíso al buen ladrón: “En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.” (Lc 23, 43). El malhechor “arrepentido mirando a Jesús tan bueno y misericordioso ha logrado robarse el cielo… en la cruz, la salvación de Cristo alcanza su culmen; y su promesa al buen ladrón revela el cumplimiento de su misión: salvar a los pecadores. En la cruz confirma la realización de este diseño salvífico. Jesús es de verdad el rosto de la misericordia del Padre”. (Papa Francisco)

Cómo no ser gratos a Cristo crucificado, por darnos la vida, la vida eterna. Contemplemos al Señor de los Milagros y dejémonos acompañar de su misericordia. Seamos siempre gratos a Dios, con nuestra vida, nuestro testimonio, amando a nuestro prójimo.

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