“Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres” (Lc 2,14)

Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombresSon las palabras y alabanzas de la multitud de seres celestiales ante la llegada del Salvador. No sólo se conmueve la naturaleza, sino también los coros celestiales, los ángeles, los querubines, los arcángeles y todo el cielo ante la llegada del Redentor. Nuestra existencia debe ser de una eterna glorificación y acción de gracias a Dios, por brindarnos la vida, su amor y de su generosidad de compartir su vida con nosotros.

Jesús ha venido a traer gozo, regocijo, paz a todos los hombres, a la humanidad y a toda la creación como lo expresan los seres celestiales. Seamos constructores y evangelizadores de la paz a semejanza de Cristo, luz del mundo entero.

El tiempo litúrgico del adviento es un tiempo propicio de preparar nuestras vidas, en vigilancia espera, para la venida de Jesucristo. La navidad es ante todo el nacimiento del niño Jesús, en el portal de Belén, que quiere nacer en nuestros corazones. Éste tiempo es un tiempo de gozo, de alegría. Por ello, el cielo canta y desborda de alabanza ante el nacimiento del Hijo amado de Dios Padre. Cómo no preparar nuestros corazones, nuestras vidas para que Dios Hijo no sólo nazca en un pesebre, junto a los animalitos de Dios Padre, sino en nuestras familias, en nuestros hogares y ante todo en todo mi ser.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28), son las palabras del ángel Gabriel a la Madre de Jesús. Que dicha tan grande para la virgen María, ella es la favorecida, la amada, la bienaventurada, la elegida, la llena de gracia, la dichosa de ser la Madre de Cristo, nuestro hermano y Señor. Estas mismas palabras deben resonar siempre en nuestra existencia. Como no conmovernos ante las palabras del ángel Gabriel y de llenarnos de gozo ante el nacimiento de Jesucristo.

Seamos dóciles a las palabras de ángel, de la llegada de Jesús, y respondamos como la Virgen: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho” (Lc 1,38). Ante su presencia, ante su nacimiento, sirvamos como María, con humildad en la viña del Señor. No dejemos nunca de ser gratos a Dios, de servirle con nuestras palabras, nuestros gestos y las buenas obras ante nuestro prójimo. ¡Feliz Navidad queridos amigos y amigas de nuestra Diócesis de Chimbote!

 

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PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2017

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