¿Servir a Dios o al dinero?

Servir a Dios(Por: Fray Héctor Herrera).- Juana es costurera, trabaja fuerte para alimentar y educar a sus hijos. Participa en la comunidad cristiana y comparte con otras personas, la vivencia del evangelio de hoy Mt 6,24-34 sobre el amor a Dios o al dinero. ESCUCHAR AUDIO

Jesús se fija en este detalle del corazón ambicioso y codicioso de algunos, que ponen su acento en el tener, no importa cómo, si es en base a la corrupción, si es el manejo de las naciones, como si fuera su propiedad. No hay una política económica ética, que asuma el bien común. No nos agobiemos por lo material, busquemos el sentido profundo de la vida. Jesús nos invita a fijarnos en las flores, en los pájaros, como no trabajan ni hilan, sin embargo Dios los cuida (v.25-26). ¡Cuánto más con nosotros, gente de poca fe! (v.30). Jesús nos enseña, no se apeguen a lo material. Él nos descubre el amor a Dios para mejorar las condiciones de vida en igualdad y respeto por los derechos de toda persona.
Como cristianos tenemos que hacer realidad el evangelio de la vida que promueve la justicia de Dios, la defensa del más pobre, tomar conciencia en el cambio de los modelos económicos, que sólo miran la ganancia y no el bienestar común de las personas.

“Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía, pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo. (E.G.55)

Mientras las ganancias de unos pocos crecen, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.(E.G. 56).

Dios tiene un corazón de padre y de madre, cuida a sus hijos, pero exige de sus hijos el camino de la libertad y del esfuerzo por recrear y cuidar la creación. Servir a Dios con alegría te humaniza y te hace solidario. La codicia oscurece tu vida. Es irreconciliable el Dios de la Felicidad con el dios Mamón, el dinero. (DOMINGO VIII T.O. CICLO A. 26.02.2017 MT. 6,24-34)

PORTADA MAR ADENTRO JULIO 2017

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