En él está la vida

En el esta la vida(Por: Fray Héctor Herrera).- El evangelio de Jn 11,1-45, nos presenta a Jesús, frente a su amigo Lázaro quien está enfermo. Era muy amigo de esta familia de Betania, María y Marta. Jesús les dice a sus discípulos: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (v. 4). ESCUCHAR AUDIO

Cuando llega Jesús, hacía cuatro días que Lázaro había sido sepultado. Consuela a Marta y le dice: “tu hermano resucitará” (v. 23). Y lo confiesa como el Mesías (v. 27). María corre al encuentro de Jesús y le dice: “Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano” (v.32). Jesús se conmueve. Y se pone en camino.

“Frente a la tumba sellada del amigo Lázaro, Jesús “gritó con gran voz: ‘¡Lázaro, salí afuera! El muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. (vv. 43-44). Este grito perentorio está dirigido a cada hombre, porque todos estamos marcados por la muerte, todos nosotros; es la voz de Aquel que es el dueño de la vida y quiere que todos “la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras elecciones de mal y de muerte, con nuestros errores, con nuestros pecados. ¡Él no se resigna a esto! Él nos invita, casi nos ordena, que salgamos de la tumba en la cual nuestros pecados nos han hundido. Nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que estamos encerrados, conformándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre. “¡Salí afuera”!, nos dice. “¡Salí afuera”! Es una bella invitación a la verdadera libertad. Dejémonos aferrar por estas palabras que Jesús hoy repite a cada uno de nosotros. Una invitación a dejarnos liberar de las “vendas”, de las “vendas del orgullo. Porque el orgullo nos hace esclavos, esclavos de nosotros mismos, esclavos de tantos ídolos, de tantas cosas. Nuestra resurrección comienza desde aquí: cuando decidimos obedecer a esta orden de Jesús saliendo a la luz, a la vida; cuando de nuestro rostro caen las máscaras - tantas veces nosotros estamos enmascarados por el pecado, ¡las máscaras deben caer! - y nosotros encontramos el coraje de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios.

El gesto de Jesús que resucita a Lázaro muestra hasta dónde puede llegar la fuerza de la Gracia de Dios, y por lo tanto, donde puede llegar nuestra conversión, nuestro cambio. ¡No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos! El Señor está siempre listo para levantar la piedra tumbal de nuestros pecados, que nos separa de Él, luz de los vivientes (Ángelus 6.4.2014).

Hoy necesitamos conmovernos ante tanta muerte, como sucedió en Perú y en muchos lugares del mundo, a causa de la violencia, aún no se ha sanado el dolor ni se han hecho efectivas las reparaciones a los deudos. Aún la sangre de tantos niños, mujeres y varones inocentes, clama a Dios. Parece que la sordera ante el desprecio por la vida, nos volviera a algunos, insensibles y con poca memoria del pasado. Falta hoy comprender que “las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor, contradicen este proyecto del Padre e interpelan a los creyentes a un mayor compromiso a favor de la cultura de la vida. El Reino de vida que Cristo vino a traer es incompatible con esas situaciones inhumanas” (D.A 358).

Jesús nos ordena quitar la piedra de los egoísmos e indiferencia. Pasar de la muerte a la vida. En Perú, Guatemala y otros países se hicieron comisiones de la Verdad y Reconciliación. Algunas autoridades y otros quisieran ignorar la defensa de la vida y de los derechos humanos. Un pueblo que cree en Jesús como el Señor de la vida; avanza, cuando no vuelve a repetir hechos dolorosos y violentos. Hay que subrayar “la inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo, que invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes”. (DA.358). (QUINTO DOMINGO DE CUARESMA. CICLO A. D.02.04.2017. JN.11,1-45)

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