El tesoro escondido

Mateo 13 44 52 5Por: Fray Héctor Herrera).- Mt 13,44-52, nos presenta el reino de Dios con las parábolas: el tesoro escondido, la perla fina, la red, lo nuevo y lo viejo. ESCUCHAR AUDIO


Jesús parte de la realidad del labrador, el buscador de piedras preciosas, la faena de los pescadores y del letrado que se parece al dueño de casa que va sacando de su tesoro, cosas nuevas y viejas.

El reino de Dios es un don. El discípulo cuando encuentra ese tesoro que es Dios se desprende de todo, lo contempla, lo ama y lo descubre en solidaridad con los pobres. "Los pobres son las piedras angulares para la construcción de la sociedad". El reino de Dios exige una economía más humana que tenga como centro a la persona: "Hoy una economía especulativa los hace cada vez más pobres y eso es inaceptable". (Papa Francisco)

El reino se descubre inesperadamente como el labrador que encuentra el tesoro de improviso, o después de una larga búsqueda o faena de pesca. “Así es para el reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es eso que buscaba, que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús: ¡este es el gran tesoro! (Papa Francisco, Ángelus 27.7.2014)

Descubrir a Jesús personal y comunitariamente, es encontrar un tesoro y una perla preciosa. Él es el amigo, nos tiende la mano y sostiene, quiere una respuesta libre, constancia y firme voluntad de construir el reino de Dios. Él sana tus heridas y aprendes a caminar de nuevo. Valoramos la vida como don de Dios, para realizarnos y ayudar a otros a ser más personas. Como discípulos estamos llamados hacer realidad el amor y solidaridad desde las familias. El amor madura y crece con el diálogo, respeto y tolerancia. Es posible crear un mundo más justo y solidario, cambiando de vida, sembrando el amor y aprecio por la dignidad de toda persona humana. “Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21)

El reino de Dios es un don para todos los que lo aceptan y lo descubren en la experiencia cotidiana de la vida. Nos presenta retos ante una sociedad idolátrica del ego, del poder, del dinero, que subyuga al ser humano como un objeto. Es allí frente a la deshumanización, Dios nos invita a recrear la imagen viva de Dios que es el ser humano. Quien aspire a gobernar, tiene que ser humilde servidor, busca el bien común. Salomón, no pidió riquezas ni bienes, sino sabiduría para saber escuchar y gobernar (1 Re.3, 9-12). Buscar el tesoro que es Dios, es cumplir su voluntad en las experiencias de la vida, pensar en esa inmensa mayoría de varones y de mujeres, de pobres que ponen su esperanza en los que tienen en sus manos la capacidad de decidir. La esperanza del pobre no puede ser defraudada. Dios nunca nos defrauda, somos los humanos quienes nos oponemos al proyecto de Dios: la verdad, la reconciliación. (DOMINGO 17 T.O. CICLO A. D. 30.7.2017. MT. 13,44-52.)

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