“Jesús… ten compasión de mí!” (Mc 10, 48)

padre giovanni(Por: P. Giovanni Sabogal).- Jesús, saliendo de Jericó, acompañado de sus discípulos y de la gente que le seguía, escuchó la voz del ciego limosnero Bartimeo, quien al saber que pasaba el Señor comenzó a gritar: “¡Jesús… ten compasión de mí!”. La gente le hacían callar, pero él con mayor insistencia y fuerza gritaba: “¡Jesús… ten compasión de mí!”. Y Jesús, escuchando, el clamor y súplica del ciego, se paró y llamó a Bartimeo. El ciego, inmediatamente dejando todo (manto), se acercó al Señor. En su divina misericordia Jesús le dijo: ¿qué quieres que haga por ti?. ¡Que vea!, fue la respuesta del limosnero; y Jesús, al ver su fe, le dijo: “Puedes irte; tu fe te ha salvado” (Cf Mc 10, 46-52).

La fe de Bartimeo rompe esquemas, a pesar de su ceguedad, de no conocerlo personalmente, confía y cree firmemente en Jesús. Confía totalmente en Cristo y aprovecha la primera oportunidad de que Jesús pasaba por el camino donde él pedía limosna, para pedirle que tenga misericordia y compasión de él. Qué grande es la fe de Bartimeo, que a pesar de ser ciego está esperando a Jesús. No es impedimento adolecer de algo para buscar al Señor, de seguirlo y amarlo. “La fe es creer en este amor de Dios, que nunca falla ante la maldad de los hombres, ante el mal y la muerte, sino que es capaz de transformar todas las formas de esclavitud, brindando la posibilidad de la salvación. La fe es un don de Dios, pero también es un acto profundamente humano y libre" (Benedicto XVI)

El ciego de Jericó no desmaya en su intención de ser escuchado por Jesús, a pesar que lo hacen callar. A pesar de las adversidades, de las dificultades de la gente, Jesús, rico en compasión y bondad, escucha su voz. Cuantos de nosotros no dejamos escuchar la voz de los que no tienen voz, no hacemos resonar la voz de los que aclaman a Dios, justicia, bienestar, una vida y trabajo digno. A pesar de todo llega al Mesías, porque es un hombre de fe, y se encuentra con el Señor, que lo ha llamado, como muy bien lo ha expresado el Papa Francisco: "La fe es un encuentro con Jesucristo, con Dios, y de allí nace y te lleva al testimonio”.

No seamos sordos al llamado de Dios, escuchemos siempre su voz, que nos llama por nuestro nombre para quitarnos la ceguera de la duda, de nuestros pecados, de nuestro conformismo, que no cuidamos su creación y no vemos a Dios en el prójimo. Que hermoso encuentro de amor y misericordia. Nosotros somos sus hijos, a pesar de nuestra fragilidad, de nuestra pequeñez, nos llama. Y nos dice que deseas, ¿qué quieres que haga por ti?. Así es Dios con nosotros, siempre buscando nuestro bienestar. El Catecismo de la Iglesia nos dice que la “fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela.” (N° 176)

Como no conmoverse Dios ante la fe de Bartimeo, por ello le dice: “Puedes irte; tu fe te ha salvado” (Mc 10, 52). El ciego pudo ver, ante el milagro de Dios, y ahora deja de estar en el camino postrado, para seguir y amar a Jesús, que es el camino, la verdad y la vida. (Jn 14,6). Sigamos a Jesús, siendo instrumento de misericordia, especialmente con nuestros hermanos más necesitados. Que el Señor de los Milagros bendiga nuestro caminar y nos conceda el milagro de ver.

 

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