Invitados al banquete

ParabolaPor: Fray Héctor Herrera).- Cuando se celebra una boda, todos se preparan para la fiesta, la comida. Todos quieren compartir la alegría de la nueva vida de la pareja. Otros se excusan y rechazan la invitación, porque “no tienen tiempo que perder”. Dios también nos prepara un banquete “con manjares suculentos y buenos vinos” (Is. 25,6) porque quiere celebrar la boda de su hijo. Esta es la buena noticia que nos da el evangelista Mt. 22,1-14. ESCUCHAR AUDIO

La comunidad de Mateo se pregunta como nosotros, ¿Qué significa el reinado de Dios? Y nos presenta esta parábola de Jesús. El rey es Dios que celebra las bodas de su hijo (v. 2). El sale a nuestro encuentro, nos invita a participar con alegría, de la fiesta de la vida y de la libertad.

Los enviados son los profetas, primero al pueblo de Israel, pero los dirigentes rechazan esta invitación por sus intereses. Están tan ocupados en sus campos y negocios. No los escuchan, los maltratan y asesinan. Los segundos invitados son todos los pueblos “Salieron a los caminos y reunieron a cuántos encontraron en los caminos, malos y buenos” (v. 10)

Dios nos invita a la libertad y la plenitud de la vida, seca nuestras lágrimas y aleja la humillación del pueblo (Is. 25,8).Esta invitación se dirige a todos los pobres y excluidos. “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación”.(Is. 25,9).

El Rey es Dios, está presente en nuestra vida e historia, a veces no lo escuchamos, desoímos su Palabra. Cuando participamos de la fiesta, de la alegría de vivir y dar la vida por los demás, reconocemos y nos alegramos de esta boda que Dios ha sellado definitivamente en su Hijo Jesús. Él es el enviado de Dios que instaura el reino de vida y de libertad. Con su muerte ha roto las cadenas de la opresión y con su resurrección ha triunfado sobre el dolor y la muerte, sobre la injusticia y la falta del respeto por la vida. Dios es el anfitrión de su propia mesa, nosotros los invitados a recrear y proteger la creación, obra de sus manos, a amar y defender la vida, a buscar la justicia y la solidaridad, a defender el derecho y el respeto por todo ser viviente, a crear la cultura del encuentro.

Dios nos ama y ve en lo profundo del corazón del ser humano. El pasaje del que había entrado sin el traje de fiesta (vv. 11-13), quien es echado y arrojado fuera, significa el que se opone a la Buena Noticia del reino. ¿Escuchamos la invitación de Dios a cambiar nuestra vida? ¿Somos creadores de fe, vida, esperanza y caridad en nuestras familias? “Porque son muchos los invitados, pero pocos los elegidos” (v.14). Todos estamos invitados a sanar el corazón de la sociedad, a superar la perversidad de la falta de protección de la vida, a liberarnos de los prejuicios y de la discriminación, a crear un sistema económico más humano y justo que no sólo proteja los intereses de la banca, sino ser sensibles a una economía solidaria, a secar las lágrimas por tanto luto y duelo de la sangre derramada de inocentes. Y tener la alegría de Jesús que la vida triunfa sobre la muerte y el egoísmo, que la libertad es un camino que se hace para llegar a realizarnos como personas. Y que ésta pasa por la construcción de una sociedad más democrática, que escucha la voz de los pobres, que protege y cuida la ecología y que crea fuentes de trabajo y de educación para mejorar la calidad de vida y ser partícipes de esas bodas que Dios sella con la humanidad. (DOMINGO 28 T.O. CICLO A. D. 15.10.2017. MT. 22,1-14)

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