Domingo 19 de noviembre: I Jornada Mundial de los Pobres, unidos por la esperanza

Papa alfa y omegaPor: P. Matías Siebenaller.- La opción preferencial por los pobres es central en la vida y en el ministerio del Papa Francisco. Lo manifiesta con palabras, con gestos e iniciativas que rompen protocolos. Su amor por los últimos, por los descartados es constitutivo de su mensaje y de su misión.

Fijémonos en llamadas insistentes del Papa en su mensaje de convocación para la I Jornada Mundial de los Pobres.

1. Objetivo de la Jornada Mundial de los Pobres

“Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados…Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna” (Mensaje 6)

2. ¡Revisemos nuestro estilo de vida!

“No pensemos solo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún en gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida… Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía…

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (Mensaje 3)

3. “Bienaventurados los pobres en el espíritu” (Mt 5,3)

“No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5, 3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn.25 al 45)” (Mensaje 4)

4. El rostro de los pobres hoy

“Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada…

Ante ese escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de ese modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad…

Todos esos pobres- como solía decir el beato Pablo VI- pertenecen a la Iglesia por “derecho evangélico” (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 setiembre 1963)” (Mensaje 5)

5. Tomar iniciativas

“Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres que ese año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta…

Que esa nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio” (Mensaje 7 y 8)

La celebración de la Jornada Mundial de los Pobres el 19 de noviembre nos puede llevar a prepararnos bien para la visita del Papa Francisco en enero del 2018.

De hecho, el Papa viene para animarnos a vivir la alegría del Evangelio, Evangelii Gaudium, en nuestro tiempo y en nuestra realidad. Fijo que va a poner a los pobres y maltratados en el centro de su exhortación a nosotros sea en Puerto Maldonado, en Trujillo o en Lima.

Si evocará a nuestros santos y mártires, será para recordarnos que en sus vidas mandaban los más pobres y sufridos. Será para recordarnos que “llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero” (EG 8)

Ojalá el encuentro con el Papa Francisco nos lleve a una profunda revisión de vida: a mirar con los ojos de Jesús de Nazareth lo que nos humaniza y lo que deshumaniza; a unirnos en comunidades cristianas insertas en el tejido social para amar y defender la vida; a tomar y respaldar iniciativas que alumbran en el país una convivencia más justa y más feliz.

El Papa Francisco nos recordará que los pobres no son una carga sino la esperanza de un mundo mejor. Unirnos en la esperanza significa unirnos para incluir a los pobres. Lo quiere señalar con urgencia la I Jornada Mundial de los Pobres.

“La celebración de la Jornada Mundial de los Pobres el 19 de noviembre nos puede llevar a prepararnos bien para la visita del Papa Francisco en enero del 2018”.

“Ojalá el encuentro con el Papa Francisco nos lleve a una profunda revisión de vida: a mirar con los ojos de Jesús de Nazareth lo que nos humaniza y lo que deshumaniza”.

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