Fructificar los talentos

parabola de los talentos 3Por: Fray Héctor Herrera).- Los dones recibidos gratuitamente de Dios, debemos hacerlos fructificar. No podemos permanecer indiferentes sin hacerlos producir. Mt 25,14-30 nos presenta la parábola de los talentos. ESCUCHAR AUDIO

El patrón que parte de viaje es Jesús (v. 14), los sirvientes: los discípulos, la Iglesia, a quienes nos da una misión. La misión del discípulo es hacer fructificar los talentos o dones que Dios nos da, para ponerlos al servicio de la comunidad. Esto exige diligencia y fidelidad al proyecto del reino de Dios. A cada uno le da los talentos según su capacidad (v. 15). Nuestra misión es ser creativos en hacer fructificar estos dones del amor, la solidaridad, la cercanía al otro, el discernimiento frente a una cultura competitiva del ganar más, tenemos que tener sentimientos de compasión para sembrar el valor de la justicia y de la paz para cultivar una cultura de amor y de respeto por la dignidad de la persona humana.

“Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma. No olvidemos que, para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales” (I JMP. 19.11.2017 Mensaje Papa Francisco)

Jesús alaba en esta parábola de los talentos, a los discípulos fieles y constantes que han sido testigos del reino de la vida, la justicia y la paz, por tanto, entrarán al “banquete de la fiesta” (v. 21-22), y cuestiona la inconstancia de los discípulos que reciben el mensaje del reino, pero lo entierran en la seguridad. Sienten miedo a comprometerse en la construcción del reino de Dios. Por eso toman una actitud cómoda, sin compromiso. Esta inconstancia y falsa seguridad, nos hace parecer al que hizo un hoyo: “El hoyo cavado en la tierra por el «siervo negligente y holgazán» (v. 26) indica el miedo a arriesgar que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo a los riesgos del amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesús no nos pide esto, sino más bien quiere que la usemos en beneficio de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen” (Papa Francisco. Ángelus 16.11.2014).

Como Iglesia debemos estar alertas, vigilantes, diligentes y fieles al mensaje de Jesús vivido con fe y esperanza. No caigamos en la comodidad y la rutina de la vida. Vivamos nuestra fe, como discípulos de Jesús en un mundo que necesita convertirse al Dios vivo del evangelio y a los pequeños de hoy. (DOMINGO 33 T.O. CICLO A. D. 19.11.2017.MT. 25,14-30)

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