Pronunciamiento: ¡Concientizar y comprometer a nuestra sociedad en el cuidado de la casa común!

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“Llamados a amar, cuidar y defender la creación de Dios,
ante una realidad que nos interpela e implica a todos”

Invocamos a los católicos y a los demás creyentes, a las autoridades públicas y a los titulares de los establecimientos industriales,

a las instituciones educativas y a todos los colectivos ciudadanos, a que trabajemos juntos por el cuidado de la casa común.


FOTO PAG 3 GENTEAl concluir la I Acción significativa del año 2018, bajo el lema “La creación, fruto del amor trinitario”, como Iglesia diocesana asumimos y somos conscientes de una grave realidad que nos interpela e implica a todos dado que “desatender el equilibrio que Dios estableció entre las relaciones creadas es una ofensa al Creador, un atentado contra la diversidad y, en definitiva, contra la vida” (1).

El Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si’, afirma que “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”(2) . La situación es dramática, pero no todo está perdido. Es tiempo de que todos nos unamos bajo una misma perspectiva. Es tiempo de dejar de lado los intereses personales e institucionales. Es tiempo de pensar en el ser humano como centro de la creación y responsable de todo lo creado. Todos somos corresponsables de lo que está pasando. De nada sirven las excusas o culpar a los demás. Hagamos un mea culpa. Asumamos la parte que nos toca y cambiemos por nuestro bien y el de las futuras generaciones.

El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor y no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común. Reconocemos, alentamos y damos las gracias a todos los que, en los más variados sectores de la actividad humana, están trabajando para garantizar la protección de la casa que compartimos. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos (cf. LS 13). Conscientes de ello, pedimos perdón al Creador por descuidar, maltratar y abusar tantas veces de sus criaturas, con el firme propósito de iniciar un camino de auténtica conversión ecológica.

Como Iglesia Católica, ponemos de manifiesto nuestro compromiso pleno de trabajar arduamente para que, en nuestra diócesis de Chimbote, de forma real y efectiva, se implementen aquellas acciones que nos permitan ir transformando nuestro medio ambiente tan contaminado y devastado en un entorno más saludable y sostenible, que nos brinde confianza y seguridad, para que las generaciones venideras vivan en mejores condiciones ambientales.

Para ello, “la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilo de vida, de producción y de consumo” (LS 23). Necesitamos, por tanto, promover una renovada educación y espiritualidad ecológica que nos permitan “buscar un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista, que no somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos” (DA 474).

Como manifestó el Obispo de Chimbote, “el derecho a un medioambiente sano forma parte de aquel grupo de derechos que responden a nuevas necesidades y preocupaciones de la humanidad, surgidos como consecuencia de los esfuerzos por establecer un nuevo orden político y económico internacional que garantice la vigencia de los derechos humanos. El derecho a un medioambiente sano implica garantizar un entorno ambiental adecuado donde la persona pueda desarrollarse individual y colectivamente. La preocupación por la calidad del aire, el agua, y, en general, del ambiente, debe ser parte fundamental de las políticas públicas de protección y garantía de los derechos fundamentales de la persona humana”(3) . Invitamos a todos a ser partícipes de este urgente diálogo para un desarrollo sostenible y con inclusión social. Invocamos a los católicos y a los demás creyentes, a las autoridades públicas y a los titulares de los establecimientos industriales, a las instituciones educativas y a todos los colectivos ciudadanos, a que trabajemos juntos por el cuidado de la casa común.

bahia donetCon el Papa Francisco, hacemos “una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios». Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades” (LS 14).

Finalmente, pedimos a Dios que nos conceda la sabiduría y la gracia necesarias para hacer vida el llamado que el Papa Francisco nos hizo durante su visita apostólica al Perú: “Amen esta tierra, siéntanla suya. Huélanla, escúchenla, maravíllense de ella. Enamórense de esta tierra (…), comprométanse y cuídenla, defiéndanla. No la usen como un simple objeto descartable, sino como un verdadero tesoro para disfrutar, hacer crecer y transmitirlo a sus hijos”(4) .

Diócesis de Chimbote

Chimbote, 27 de mayo de 2018

“Es tiempo de pensar en el ser humano como centro de la creación y responsable de todo lo creado. Todos somos corresponsables de lo que está pasando. De nada sirven las excusas o culpar a los demás. Hagamos un mea culpa. Asumamos la parte que nos toca y cambiemos por nuestro bien y el de las futuras generaciones”.

 

(1) V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe (2007), Documento final de Aparecida, 125. En adelante, DA.
(2) Papa Francisco (2015), Carta encíclica Laudato Si’, 2. En adelante, LS.
(3) Mons. Ángel Francisco Simón Piorno, Pronunciamiento por el Día del Medio ambiente (Chimbote, 4 de junio de 2010). Disponible en: http://www.crp-conferperu.org/index.php/noticias-crp/312-pronunciamiento-por-da-del-medio-ambiente-del-obispo-de-chimbote
(4) Papa Francisco, Discurso en el Encuentro con la población en el Instituto Jorge Basadre (Puerto Maldonado, 19 de enero de 2018).

 

PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2018  

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