Fidelidad y amor

fidelidad y amorPor: Fr. Héctor Herrera OP.- Jn 21, 1-19: Es un capítulo añadido posteriormente. Como eran pescadores han vuelto a sus faenas diarias. Simón Pedro dice: Voy a pescar. Y como nuestros pescadores, han bregado toda la noche y no han conseguido nada. En ese momento; Jesús resucitado; les pide comida; signo de cercanía y de amistad y cuando carecen de comida, el resucitado los anima y nos dice: “Echen la red y encontrarán.” (v.6)

También nosotros en el camino de la vida, necesitamos desafiarnos tirar las redes y encontrar algo nuevo que dé sentido a nuestras vidas. Como Pedro, no dudamos en encontrarnos con Jesús. Le da confianza, aunque lo hubiera negado. Lo invita como a nosotros a sentarnos para compartir el pan. Una vez que le ha mostrado todo su amor, le llama a profesar una triple confesión de amor y de fidelidad. Y le encomienda el cuidado de sus ovejas.

Esta escena, está llena de fidelidad y de confianza. Es la misma pregunta que Jesús nos hace hoy a nosotros: ¿Me amas? Y es que el amor está cargado de fidelidad, de obediencia a la Palabra de Dios, de riesgo, aún de dar la vida por el Maestro. Es la respuesta de la comunidad que reflexiona y acoge la Palabra viva de Dios, en todas las circunstancias de la vida. La palabra que confronta nuestra coherencia y actitud. ¿Estamos dispuestos como Pedro y los primeros cristianos a proclamar al resucitado como el Señor de la vida?

Los apóstoles son testigos de la resurrección. Su predicación les trae problemas con las autoridades, como hoy en día. Así le sucedió a Mons. Oscar Romero, Mons. Enrique Angelelli, catequistas, líderes ambientalistas, Pedro nos enseña: “Hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres”. Hermosa lección de fidelidad y de amor por su Maestro Jesús.

En nuestra sociedad hay diversas maneras de quitar la vida a la persona humana, en especial a los pobres y excluidos: las coimas en obras de infraestructura mal hechas, los sobornos, el abuso del poder con el enriquecimiento ilícito. Nuestra predicación y testimonio tiene que ser la defensa de la vida, como el don más precioso de Dios. Y proclamar: Jesús es el Señor que defiende al pobre y a la viuda, al huérfano y al indígena, al cercano y al lejano. Porque todo ser humano es imagen de Dios. Necesitamos ser una Iglesia unida, servidora que acoge a todos.

Poner el acento que Jesús resucita, cuando las comunidades cristianas comparten en gestos de solidaridad con los enfermos, en el apoyo a los niños en la educación, en las clínicas y hospitales, donde varias religiosas y laicas, laicos están comprometidos en los programas de salud. En el compartir en los comedores, acompañados de la educación y promoción de las personas.

Jesús resucita en los presos que son ayudados a rehabilitarse y trabajar con sus manos. Jesús resucita y afirma nuestra fe como a Pedro, Juan, Tomás y Natanael, cuando creamos conciencia ciudadana de defensa del medioambiente, en las organizaciones que trabajan por la justicia y la paz. Es allí en los desafíos por la promoción de la persona en todas sus formas, cuando confesamos a Jesús: Sí, Señor, tú sabes que te amo. (Fr. Héctor Herrera, o.p.) (DOMINGO 3º DE PASCUA. CICLO C. D. 05.5.2019.JN. 21,1-19)