Mensaje por inauguración de Año Académico en Universidad Católica (28/4/09)

 

Mensaje por la inauguración del Año Académico en la Universidad Católica Los Ángeles de Chimbote

Al inaugurar el Año Académico en la Universidad Católica Los Ángeles de Chimbote, me gustaría conversar brevemente con ustedes acerca de una de mis grandes preocupaciones, el futuro de la fe en la sociedad peruana y latinoamericana, el diálogo entre fe y cultura. Previamente podríamos definir la cultura como la forma de relación con la realidad circundante, con la economía, con la naturaleza, con los testimonios de la civilización y del pensamiento con los otros seres humanos, con nosotros mismos y con Dios.

No es lo mismo el ser culto que ser erudito. Se puede ser erudito y no ser culto. Hoyes especialmente difícil el serIo. El mundo en el que vivimos, valora el slogan, lo que está de moda, la superficialidad. Nadie se hace preguntas y por eso no hay respuestas.

Recuerdo que durante la V Conferencia de Aparecida, se planteó la siguiente cuestión: Latinoamérica ¿vive en una época de cambios o en un cambio de época?

N o es esta una cuestión intrascendente. La Iglesia latinoamericana es consciente que estamos asistiendo a la agonía de un largísimo ciclo histórico y al nacimiento de algo totalmente nuevo, que afecta directamente a la Iglesia y a su mensaje.

La época que termina comenzó propiamente en la segunda mitad del siglo XIV y tuvo a Galileo como su auténtico líder. El pone en marcha lo que se ha denominado la revolución científico-técnica. En esta etapa el ser humano se convierte en el centro del universo e implementa la desmitificación de las fuerzas del cosmos. Se produce una auténtica crisis del pensamiento y de la filosofía y se rescata únicamente la matemática y la técnica. En esa misma línea aparece la Revolución Industrial que implica lo siguiente: lo definitivo e importante _es la producción, el lucro, la competencia y la paulatina sustitución de la fuerza humana por la técnica.

En la Revolución Industrial se vuelven anacrónicas aquellas preguntas: el qué, el por qué, el para qué, preguntas, que siempre se formuló el pensamiento filosófico.

Esas dos revoluciones prepararon lo que se ha denominado la Revolución Cultural. El Despotismo ilustrado es decir el despotismo de la razón, excluye la fe como interlocutor. Descartes y Kant llevarán adelante el proyecto de eliminar a Dios como interlocutor, no porque se quiera prescindir de El, sino porque donde opera la razón, la fe no tiene nada que decir. La fe, si es que existe, no tiene nada que ver, ni con la ciencia, ni con la política, ni con la economía. La fe es algo privado y su esfera es la privacidad.

En este largo proceso histórico, aparece lo que la sociología del conocimiento denomina la Revolución Democrática. Esta Revolución descubre valores tan importantes como la igualdad, la fraternidad, la libertad, se preocupa por los derechos humanos, pero ignora que el soporte de los mismos es Dios. Prescindiendo de Dios, el individuo se instala en el "carpe diem" de Horacio.
Dios deja de ser el referente y el hombre vuelve a ser la medida de todas las cosas. Ha aparecido el Hombre, que todos conocemos: insensible, carente de alegría, sin sentido ético e inerme ante el sufrimiento.

Este es el hombre de nuestro tiempo: un ser despojado de esperanza, que siente amenazada su existencia y supervivencia, que ha perdido las certezas fundamentales y las reemplaza por el mito del progreso y la creencia que éste llega a todos.

Aparecida tuvo delante este panorama sombrío. La Iglesia Latinoamericana es consciente de las gravísimas distorsiones y desviaciones de nuestro tiempo: la primacía de lo individual sobre lo comunitario, la primacía del presente sobre el futuro, la primacía del hedonismo sobre la felicidad lograda- con trabajo y sufrimiento. Asistimos a un mundo en crisis marcado por la anomia, la atelia, la pérdida del sentido moral y, por lo tanto, del sentimiento de culpabilidad. La barbarie y los crímenes que diariamente son reportados por los medios de comunicación social, apenas si provocan un sobresalto en la conciencia moderna.

Aparecida reconoce que ante la gravedad de lo que acontece todos, pero de una manera especial, la Universidad Católica, debe buscar una salida. Tenemos de nuestra parte la sensatez de la cultura latinoamericana, que sigue valorando a la persona, a la comunidad, el sentido religioso, el mundo indígena, etc. Aún estamos a tiempo. Muchos se han desenganchado de la fe, pero aún es posible un diálogo de la fe y desde la fe, con la cultura adveniente.

La nueva época, la globalización, distingue la sociedad entre aquellos que ven en ella una posibilidad de lucro económico y aquellos que no piensan sacrificar lo que los identifica y define.

En este nuevo contexto, evangelizar la cultura no significa manipular el Evangelio o en tampoco que el Evangelio arrase con la cultura.

Evangelio y cultura han de ser colocados en creativa comunicación, con la certeza que el resultado será un enriquecimiento de la cultura y la sociedad será salvaguardada y garantizado su futuro.

La Universidad Católica está llamada a trabajar aquellos valores perennes como la libertad, el respeto a la vida, la solidaridad, la equidad, la verdad, el diálogo permanente entre fe y razón, que son las alas, que permitirán a las generaciones presentes y futuras levantar el vuelo por encima de lo cotidiano y contingente. Es en la Universidad donde debemos aprender y dominar las asignaturas pendientes, tales como la dignidad de la persona y el cuidado de la naturaleza, que nosotros hemos recibido, no como herencia de nuestros padres, sino como préstamo de nuestros hijos. Es tarea de la Universidad Católica enseñar al hombre a ser señor y cocreador permanente de la vida en todas las dimensiones. Dios ha querido que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Con estos santos propósitos iniciamos el año académico para que, la Uladech Católica promueva el humanismo cristiano, que libera de las esclavitudes que amenazan y no dejan ser libres a los hijos de Dios.

Doy por inaugurado el Año Académico 2009

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