Homilía por el Centenario de Chimbote (diciembre 2006)

Justicia, solidaridad y trabajo para el progreso y
desarrollo pidió Obispo por 100 años Chimbote

Una intensa reflexión de la realidad social de Chimbote y las urgencias que sus habitantes tienen para vivir con dignidad, hizo Monseñor Angel Francisco Simón Piorno, durante su homilía en la misa por el Primer Centenario de Chimbote; palabras que dirigió no sólo a los cientos de fieles reunidos, sino también al Presidente de la República, ministros y autoridades regionales y locales que se congregaron. Presentamos extractos de su valiente exhortación que nos invita a la búsqueda de la justicia social y la recuperación de la moral; teniendo como desafíos las Bienaventuranzas.

EXAMEN COLECTIVO DE CONCIENCIA
“Este centenario constituye para todos nosotros un momento privilegiado para hacer un colectivo examen de conciencia y ver si como pueblo estamos capacitados para enfrentar los retos del presente y si tenemos las reservas de solidaridad y de entrega para seguir construyendo el futuro.

El Chimbote de hoy nos presenta un rostro destrozado por el desempleo y la pobreza, por la violencia y la corrupción; los descendientes de aquellos hombres y mujeres valerosos que sentaron las bases del Chimbote moderno, tal vez hoy están excluidos del progreso y del desarrollo.

Hemos contaminado una hermosísima bahía, hemos depredado el mar. Los mendigos de nuestra ciudad, conviven junto a hombres que viven en la opulencia; junto a grandes bolsas de miseria se erijen las mansiones de los poderosos.
No hemos sabido crear nuestra propia identidad y miramos siempre a nuestro alrededor con cierta envidia, sin darnos cuenta de nuestro propio desarraigo

Hemos dado culto al ídolo del dinero, sin importamos el valor de la cultura, de la solidaridad y del trabajo. Miles de familias abandonaron sus lugares de origen y vinieron a esta tierra que los fundadores denominaron "tierra de promisión".
Muchos niños y jóvenes se ganan la vida en la prostitución o en la violencia callejera por falta de recursos para comer y de medios para educarse. Hombres y mujeres en la plenitud de su vigor están condenados al desempleo y a la desesperanza.

Nos afecta sobre manera que este puerto tenga un colectivo tan numeroso de portadores del Sida, fruto de la promiscuidad y del desenfreno. Chimbote es una ciudad maltratada y descuidada por todos nosotros con grandes rumas de basura, que diariamente arrojamos irresponsablemente a la calle.

Junto a estas lacras, vislumbramos la gran crisis ética que se ha apoderado de muchos chimbotanos que han eclipsado su conciencia y la han deformado de tal manera que son capaces de convivir con tanta miseria, sin que ésta les remuerda. Como he dicho en alguna otra oportunidad, la costumbre nos ha llevado no solo a la quiebra del comportamiento moral sino al amortiguamiento de la sensibilidad ética. La voz de la conciencia, ya no resuena como una interpelación terminante, sino a lo sumo como una invitación sugerente.

¡GRACIAS SEÑOR!
Ahora bien, junto a tanto mal ¿cómo no dar gracias al Señor el día de hoy? Gracias Señor porque nos has despertado del letargo y del sueño. Por los recursos naturales, tan pródigos en esta tierra, tanto en el campo como en el mar. Por los institutos superiores y Universidades, donde se están formando los cuadros dirigenciales del futuro. Porque cada vez es más vivo el sentimiento de respeto a la naturaleza y al mar.

Gracias Señor por el propósito que anida en muchos corazones de erradicar la violencia, la miseria, al mismo tiempo que surgen organizaciones para atender a los desvalidos, proteger a los indefensos, recuperar a los delincuentes y crear espacios de trabajo para los desocupados. Por que este inmenso pueblo joven día a día se perfila como una ciudad moderna que en el amplio e inmenso horizonte del mar, despierta su imaginación para crear belleza y recrear los valores olvidados.

¿COMO SER BIENAVENTURADOS?

Seremos bienaventurados y dichosos cuando erradiquemos de nuestro corazón los falsos ídolos que nos alienan: el dinero, el poder, la fama o el placer y demos culto al Dios vivo y verdadero, sabiendo que todo lo que somos y tenemos, a él se lo debemos, entonces seremos pobres en el espíritu.

Seremos felices cuando aceptemos el dolor sin asustarnos, cuando abramos nuestra alma oprimida a Dios. Seremos mansos cuando conformemos nuestra voluntad a la voluntad de Dios, cuando seamos sencillos y humildes. Seremos felices cuando busquemos con ahinco la justicia y tengamos hambre y sed de ella.

Seremos bienaventurados cuando seamos misericordiosos y en medio de tantos desgarros y desencuentros, pongamos el bálsamo de la ternura y del perdón.

Jesús nos ha dicho que los limpios de corazón verán a Dios. Son limpios aquellos de quienes procede el bien, los pensamientos de amor y de misericordia, el anhelo de Dios y de su justicia. Dios es un Dios de paz y tiene designios de paz para con nosotros.
Ojalá El suscite en nuestro pueblo hombres pacíficos, frente a tantos, que lo único que siembran es odio y división.

LA ESPERANZA…
¡Que el Señor nos conceda hombres y mujeres intrépidos que luchen denodadamente por la justicia y no teman entregar sus vidas con tal que la justicia resplandezca!. Esta es la moral alternativa que pedimos a Dios al conmemorar el Primer Centenario de Chimbote que si es vivido desde la fe, será una gracia especial y un reclamo particular para que a lo largo de los años, vayamos haciendo un recorrido de la carne al espíritu.

En este combate diario, Jesús nos ha prometido al Espíritu Santo, que estando junto a nosotros nos llevará de la ambigüedad a la definición; de la tibieza al fervor, del cálculo a la generosidad, de la esclavitud a la libertad.

No nos faltará en este itinerario espiritual la proximidad de Nuestra Señora del Carmen Patrona de la Ciudad. Ella estará junto a sus hijos de Chimbote, para que impregnados de espiritualidad, actualicen las páginas brillantes de nuestra historia y sean capaces de legar a las futuras generaciones una ciudad sin violencia y sin pobreza donde todos tengan un puesto en la mesa de la vida y de la dignidad, de la que es signo y garantía la Eucaristía que estamos celebrando”. (Mons. Angel Francisco Simón Piorno - 6 de diciembre del 2006)

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