Domigo 6 diciembre 2009: Preparen el camino al Señor

Domingo Segundo de Adviento

No es lo mismo construir una carretera en la costa que en la sierra del Perú. Todo el mundo sabe que se requiere más tiempo, más dinero y mucho más esfuerzo e inteligencia cuando los accidentes geográficos son más pronunciados.

De cara a preparar hoy el camino del Señor tropezamos con grandes inconvenientes. Hay mucho monte y mucho valle. Los obstáculos salen al paso en cada instante y situación que vamos viviendo. Pero hoy no vamos a mirar tanto hacia fuera como hacia dentro. ¿Qué inconvenientes hay dentro de mí para el encuentro personal con el Señor? Me invito y les invito a descubrir las fosas, quizá los abismos que interponemos entre nuestro corazón y el Señor que viene.

Sin duda, el gran y principal abismo es la falta de fe. Nos instalamos fácilmente en nuestro mundo, con sus ocupaciones de cada día, sus gozos y tristezas, sus logros y frustraciones y nuestros ojos se niegan a mirar al largo plazo, al más allá, a los cambios que pueden hacernos a nosotros y a los demás más felices, más fecundos, más transformadores de la realidad tan negativa en muchos aspectos que estamos viviendo.

Ahí nos sale al paso ese gran personaje del Adviento que es Juan Bautista y que apunta al futuro. Como lo señala su propia predicación: “detrás de mí viene el que puede más que yo”. Y ese Juan, con voz que grita en el desierto nos dice: “preparen el camino al Señor”. La imagen está tomada de los preparativos y fiestas que se montan en las ciudades para preparar la llegada triunfal de emperadores, reyes, presidentes de los gobiernos, generales y otros grandes personajes.

No se emprenden estos preparativos hasta que no hay la certeza de que el personaje en cuestión va a llegar. Me parece que el gran problema personal y colectivo es que hoy, la falta de fe de la que hablo arriba nos impide tener la certeza de que Alguien llega, de que las promesas de Dios no son vacías. “Todos verán la salvación de Dios”. ¿Creemos esto?

Aunque la fe es ciega y lo propio de ella es llevarnos a contar con fuerzas invisibles e intocables, que no vemos ni experimentamos sensiblemente, lo cierto es que también ella se apoya en bases sólidas. En nuestro caso, la esperanza en que el Señor llega se apoya en el pasado: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. El Señor que vino en la humildad de la carne, está viniendo y vendrá. Esa confianza nos hará ponernos en camino y, animosos, emprender la tarea de rellenar abismos (vacíos, desalientos, depresiones incluso, indiferencia ante los problemas y sufrimientos de los demás, incapacidad para el sacrificio…) y abajar montañas (orgullo, autosuficiencia, desmedido afán de bienestar…).

“Preparen el camino al Señor”. Pongámonos animosos a la tarea, porque los que “siembran entre lágrimas cosechan entre cantares”. Que crezca nuestra fe en el Señor Jesús que está viniendo para colmar y hacer rebosar nuestros anhelos. Amen.

PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2019  

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