Domingo 13 diciembre 2009: Entonces, ¿qué hacemos?

 

ENTONCES, ¿QUÉ HACEMOS?

Domingo Tercero de Adviento

La pregunta inicial del evangelio de hoy es la que dirige la gente a Juan el Bautista tras escuchar su propuesta de “Preparar el camino del Señor” (domingo anterior).

Pregunta elemental, como elemental es la respuesta del Bautista. Pregunta que nos hacemos todos diariamente ante múltiples situaciones: ¿qué tenemos que hacer para ganar más? ¿para ser más felices? ¿para mejorar el carácter? ¿para salvar mi matrimonio que se hunde? ¿para lograr unas mejores relaciones humanas? ¿para salir de la crisis o encontrar trabajo?

La pregunta es directa y acuciante para los que queremos celebrar la Navidad con un mínimo sentido cristiano e intentamos de algún modo que el Señor Jesús tome las riendas de nuestra vida. Por eso, los que quieren que todo siga igual que se abstengan. Lo mismo que quienes están satisfechos en este mundo nuestro de inequidad y grandes abismos sociales, de guerras injustas y abusos de los poderosos sobre los débiles.

Porque las respuestas de Juan, es decir, lo que tenemos que hacer, es ininteligible para todos ellos. En cambio, tiene todo el sentido para los insatisfechos con la marcha de este mundo. Tomemos nota de lo que nos dice el Bautista:

Compartir. Por tanto, no mirar a los que tienen más para envidiarlos o emularles. Sino mirar a quienes tienen menos para compartir con ellos vestido y comida. No las migajas sobrantes, sino la mitad. De dos túnicas, una. Mucho habrá que vaciar los armarios y las cuentas bancarias.

No exigir más de lo establecido. El Papa acaba de recordarnos en Caritas in veritate que, de tanto hablar de derechos y reclamarlos, incluso para el vicio, se nos ha olvidado que todos tenemos deberes. Nadie discutirá que es un avance la consecución de los derechos humanos y el que éstos sean garantizados por las leyes de los países avanzados. Pero es un indiscutible deterioro político y social y un evidente retroceso la pérdida de conciencia de nuestros deberes sociales, que nos obligan a ayudar a los que lo necesitan y servir al bien común.

No aprovecharse de nadie. Que es justo lo contrario de la ley del más fuerte, la que impera en nuestra sociedad. Los países ricos que se aprovechan de los países pobres, los poderes financieros que arruinan la economía mundial y reciben dinero de los pobres para repartírselo entre los que fueron manifiestamente incompetentes, los poderosos que hacen contratos aprovechando la necesidad de los débiles… En la medida que podemos entrar cada uno en este sistema, tendremos que cambiar.

Los oyentes de Juan el Bautista estaban en expectación. Por eso él les hablaba del que estaba por venir. ¿Esperamos nosotros algo nuevo? ¿Esperamos a Alguien? Si es así, somos acreedores de la alegría a la que se nos invita. “Alégrense, porque el Señor está cerca”. “El Señor, tu Dios, está en medio de ti”. Reconocer esta venida y esta presencia son condiciones y actitudes indispensables para vivir y celebrar el tiempo del Adviento y acceder a la Navidad como creyentes.

PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2019  

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