Segundo domingo de Cuaresma: Tu rostro buscaré Señor

TU ROSTRO BUSCARÉ, SEÑOR

Segundo Domingo de Cuaresma. Ciclo C

Y vieron la gloria de Dios. ¿Cómo será la gloria de Dios? ¿Cómo puede verse la gloria de Dios? ¿Será puramente lenguaje mitológico? ¿Será una vana ilusión que sirva de sedante para la insoportabilidad de la vida? ¿O es que habrá que subir a la cumbre del cerro y atreverse a penetrar en lo profundo del propio corazón para contemplar el rostro de Dios? Desde luego serán invisibles esa gloria y ese rostro si discurrimos por los caminos trillados y ramplones del consumismo materialista o miramos en exclusiva los artificios de un mundo convertido todo él en espectáculo.

Señor, hazme ver tu rostro. Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro. Así me apetece rezar hoy, mirando a aquellos tres amigos de Jesús trasportados por un rato a lo alto de la montaña para orar y embobados ante lo maravilloso desconocido. Porque veo difícil para mí y para quienes me rodean ver algo distinto y superior a lo que me ofrecen los sentidos, lo inmediato y lo inmediatamente placentero.

En el camino cuaresmal, es decir, en el camino de la vida –que no otra cosa significan los 40 días de la Cuaresma sino la misma vida humana- es necesario vislumbrar de alguna manera el rostro de Dios, la gloria del Señor para avanzar erguidos y sin desvíos ni barreras que entorpezcan el progreso. La Cruz , las cruces ordinarias y la muerte se afrontan mal y se aceptan peor si no se entrevé la gloria como “solución final”.

No sé si estamos convencidos de ser ya desde ahora ciudadanos del cielo. Por supuesto, para quienes se instalan ¿serenamente? en la finitud o para quienes hacen de todo fenómeno religioso algo folklórico, el lenguaje de la gloria de Dios, de ser revestidos, glorificados, de la resurrección es pura pamplina, vaciedad, nada. Pensarán algunos incluso que se trata de algo puramente mitológico, o incluso hipócrita invención de los eclesiásticos enemigos de la verdad y ansiosos de poder.

Pero, ¿tendrán razón quienes así piensan? Hoy es ya tópico ese discurso de culpar a las religiones de toda suerte de violencia, desde la violencia de género a las guerras. Es innegable que la religión y las religiones han sido utilizadas con esos fines. Y so capa de guerra santa se han camuflado las ansias de poder y extensión del dominio sobre otros pueblos. Pero ¿es esa la entraña de la religión, tiene eso algo que ver con el Cristianismo? Más atentos deberíamos estar a otro fenómeno manifiesto hoy e incontrovertible. La ausencia de religión, de toda religión no hace mejor al hombre y a la mujer de hoy ni a nuestra sociedad. Cuando el ser humano no se deja trans-figurar, necesariamente se des-figura.

¿Hay alguien que pueda mostrar que un hombre sin Dios y una sociedad sin religión son mejores, más nobles, más libres? De verdad, ¿alguien puede pensar con honestidad que el machismo, la violencia de género, la prostitución, los abortos masivos, la muerte de inocentes, el tráfico de armas, el terrorismo, la delincuencia… son obra o consecuencia de las religiones? Anda, ya…

“Oigo en mi corazón: buscad mi rostro…”. Desde la nube se oye la voz: Éste, el que va a ser crucificado, es mi hijo amado, escuchadlo. Sí, hay que bajar del monte, hay que pasar por sufrimientos muchos y penosos y finalmente la muerte. ¿No es esa la condición humana? ¿Hay algún otro modo de trascender nuestra condición miserable que no sea según el modelo de Cristo crucificado, trasfigurado y resucitado?

Os invito a preguntaros hoy conmigo: ¿Creo? Al pie del monte, el padre del epiléptico (endemoniado, dice el evangelio) le dice a Jesús: Creo, Señor, pero ayuda mi poca fe. Buena oración para este tiempo de Cuaresma.

¿Espero? ¿Qué espero? Pregúntate con verdad. ¿Cuál es tu proyecto en la vida, tus deseos más íntimos? ¿Se quedan fuera? ¿Tienen siempre que ver con alguna forma de posesión? ¿O esperas una íntima trasformación personal, fundamento de la certeza y anticipo de la transfiguración final?

Que se haga transitable tu camino cuaresmal, tu vida, gracias a esa fe y a esa esperanza. Amen.

JOSÉ MARÍA YAGÜE CUADRADO

 

PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2019  

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