Tercer domingo de Cuaresma: Interioridad y conversión, la cosa va en serio

INTERIORIDAD Y CONVERSIÓN. LA COSA VA EN SERIO

Domingo tercero de Cuaresma

Vienen unos desconocidos donde Jesús. Le traen una trágica noticia: Pilatos ha derramado la sangre de un numeroso grupo de personas en el mismísimo Templo, mezclando su sangre con la de los animales sacrificados. ¿Qué pretenden los informantes? ¿Provocar a Jesús para que arremeta contra el cruel gobernante? ¿Simple lamento o resignado chismorreo? No lo sabemos

A esta tragedia, Jesús añade otra que está en el recuerdo de todos: los fallecidos por el inesperado derrumbe de la torre de Siloé.

Dos tragedias con víctimas humanas inocentes, una causada por factores naturales como el derrumbe de una torre y otra por la crueldad de un gobernante injusto.

En ningún caso, Jesús se pone a buscar culpables, ni acusa al responsable, ni menos se pone a justificar a Dios, que permite tales cosas. El comentario de Jesús es el mismo: hace volver la mirada a los informantes y a todos los oyentes hacia sí mismos. ¿Se creen ustedes mejores que las víctimas? E idéntica la conclusión: si no se convierten, también ustedes perecerán.

Desde el Miércoles de Ceniza y durante toda la Cuaresma , la insistencia de la Liturgia es la invitación a la interioridad, a entrar dentro de nosotros mismos y ahí trabajar el cambio personal, la conversión. No vale echar balones fuera, de nada sirve arremeter contra gobernantes injustos y malvados, o pésimos y egoístas constructores de las torres humanas, es decir, del edificio social. Lo prioritario es poner orden en el interior y, después, buscar fuera la justicia.

De otro modo: hay que tomarse en serio las cosas. No basta con admirarse de lo que ocurre. Menos aún buscar culpables del mal en el mundo, apuntando con frecuencia a Dios mismo. Y lo que es intolerable es la superficialidad del puro lamento o el fácil cotilleo.

Ante el mal y el sufrimiento humano, estamos siempre en tierra sagrada. Y hay que asumir el mandato de Dios a Moisés: “descálzate”. Desnudarse de prejuicios, explicaciones fáciles, acusaciones. Hay que tomarse las cosas en serio. Y eso pasa por entrar dentro de nosotros mismos y ver qué podemos, qué debemos hacer. Eso es convertirse.

Hemos asistido recientemente a dos grandes tragedias en nuestro Continente: los cataclismos de Haití y Chile. Con cientos de miles fallecidos en el primer caso y rondando el millas en el segundo. Se pueden hacer muchas reflexiones y conjeturas, incluso comparativas. Pero, para un cristiano, lo primero es entrar dentro de sí mismo y preguntarse: ¿qué siento? ¿qué me dice Dios a mí? ¿cómo puedo yo solidarizarme con las víctimas, con el sufrimiento de hermanos? ¿cuál es mi responsabilidad a la hora de compartir?

En el fondo, descalzarse y desnudarse de sí mismo para comprender algo del misterio de Dios y del Hombre –con su sufrimiento, incluido el del Dios-Hombre-. Y a partir de ahí vendrán otras búsquedas no superficiales, que pueden incluir denuncias, exigir responsabilidades –cumplidas previamente las propias-, e incluso esa búsqueda siempre tan difícil del rostro de Dios y de su gloria, paradójicamente revelados, desde la Pasión incomprensible de Cristo, en los rostros de los hermanos sufrientes.

Hay que acercarse, descalzarse y dejarse quemar por el fuego ardiente de la zarza que nunca se consume: el dolor humano, a pesar de todos los progresos y técnicas de la Modernidad.

 

JOSÉ MARÍA YAGÜE CUADRADO

PORTADA MAR ADENTRO JUNIO 2019  

 logo voluntarios22

face padre sandro

 

voluntariado

 

logo coro diocesano

Diócesis de Chimbote

Jirón Ladislao Espinar 456 -  Chimbote - Ancash PERÚ
Teléfono (051) 043 324171 - Email: correo@obispadodechimbote.org