Insiste a tiempo y a destiempo, domingo 17 de octubre

INSISTE A TIEMPO Y A DESTIEMPO

Domingo vigésimo noveno ordinario. 17-10-2010

 De los cuatro evangelistas el que más nos habla de la oración es Lucas. Por eso, a lo largo de este ciclo nos ha salido varias veces este tema. En el breve texto que hoy leemos, se constata que el objetivo de la parábola que cuenta Jesús es para mostrar cómo tenemos que orar siempre sin desanimarnos.  Retengamos sencillamente esta aseveración sin entrar en otras disquisiciones.

 Perseverar en la oración. Es, me parece, la recomendación central de la liturgia de este domingo. Pero no insistiré en el tema por dos razones:

• Hace muy pocas semanas hablábamos de la oración de petición y subrayábamos también como cualidad propia de ella la perseverancia.
• El texto del A.T. ofrece no pocas dificultades para la sensibilidad actual. Podría discutirse incluso la conveniencia de seleccionar este tipo de  textos para la liturgia dominical. Por una parte y a primera vista, suena a magia descarada. Por otra parte, ver a Dios interviniendo tan directamente en la guerra, dando la victoria a unos y muerte y derrota a otros, no parece casar muy bien con nuestra fe en Dios padre de todos. Es uno de tantos textos que representa la fe del pueblo en un momento determinado, pero esa fe es superada y purificada por el progreso de la revelación, y mucho más con lo que Jesús nos enseña acerca de Dios, su Padre y nuestro Padre.

 Os invito a poner el acento en la segunda lectura tomada de la segunda carta a Timoteo. Texto clásico muy utilizado en las clases de Teología para mostrar la inspiración y la primacía de las sagradas escrituras (hiera grammata) para alcanzar la Sabiduría.

 Se atribuye a la lectura y predicación del libro sagrado una serie de “poderes” nada desdeñables. Actuada por la fe, esta lectura creyente de la Biblia, otorga la sabiduría que conduce a la salvación.

 “Toda Escritura inspirada por Dios”. Sin entrar en la discusión de si esta frase se refiere a cada uno de los párrafos o al conjunto, lo que resulta obvio es que quien mora en la Sagrada Escritura, quien se familiariza con ella, queda equipado para toda obra buena. ¡Y cuánto necesitamos hoy permanecer en las fuentes de los valores auténticos y duraderos en medio de tanta confusión!

 Por eso hemos de lamentar, pero poniendo remedio a la vez, la escasa cultura bíblica de nuestro pueblo cristiano, incluidos en él obispos y sacerdotes. Nuestra predicación y nuestros escritos adolecen de escasez de citas bíblicas y, con frecuencia, la lectura que se hace de los textos es fundamentalista o sesgada. Por la fuerza que tienen las narraciones evangélicas, llegaríamos más a la gente sencilla con ellas que con tanta instrucción moralizadora.

 Se observa en muchas comunidades vivas de Latinoamérica cómo se vive la Sagrada Escritura y cómo se disfruta con el estudio asiduo de la Palabra de Dios.  Dios quiera que como fruto de esta exhortación del Apóstol algunos nos animemos a formar aunque sea un pequeño grupo de estudio de los Evangelios.

 Insiste oportuna e inoportunamente, a tiempo y a destiempo. Esta exhortación de Pablo a Timoteo la necesitamos hoy para nosotros los sacerdotes y fieles que quizá hemos perdido entusiasmo misionero. Empecemos por conocer la Biblia. A lo que únicamente quiero añadir que ese conocimiento ha de ser en relación con la vida de cada día, con los problemas cotidianos, con las situaciones que nos toca vivir. Un estudio puramente técnico o teórico, por muy bien hecho que esté, no llega a la gente ni convierte a nadie. ¡Enséñanos, Señor, a descubrirte presente entre nosotros, cuando vamos de la Biblia a la vida y de la vida a la Biblia!