¿Dice la Biblia que los ricos no se van a salvar?

¿DICE LA BIBLIA QUE LOS RICOS NO SE VAN A SALVAR?  La célebre afirmación: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos” (Mt 19,24), nos recuerda que Jesús consideró a las riquezas como un obstáculo para salvarse; el corazón de las personas solamente interesadas en acumular riquezas deja poco espacio para la dedicación al Reino y por lo tanto de la salvación (El joven rico Mt 19,16-22).

Otro texto similar es la parábola del rico necio: “Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha. Él se dijo: ¿qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha? Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré: Querido, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta. Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será? Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios”  (Lc 12,16-21).

La sagacidad de las parábolas y dichos de Jesús nos dan pistas para deducir que en las riquezas no hay un mal intrínseco, las riquezas son un bien social que permiten el progreso humano; pero el Evangelio invita a que los ricos liberen su corazón de la preocupación por las riquezas y también da buenos ejemplos de hombres ricos que compartieron sus bienes y se arriesgaron por Jesús (José de Arimatea y Nicodemo Jn 19,38-42). La riqueza no es mala, el mal está en el corazón que hace de las riquezas un ídolo porque “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6,21).

En las iglesias paulinas hubo muchos ricos que se convirtieron y dieron generosamente de sus riquezas para el crecimiento de las comunidades y el bien de sus pobres. Un esfuerzo importante del apóstol Pablo fue animar a los miembros de sus comunidades para que colaboraran con las iglesias menos afortunadas: “Los de Macedonia y Acaya han decidido solidarizarse con los cristianos pobres de Jerusalén. Lo han decidido como era su obligación” (Rm 15,26-27); ejemplo que les recordó a los ricos corintios: “Quiero informarles, hermanos, de la gracia que Dios concedió a las iglesias de Macedonia. En medio de una prueba grave desbordaban de alegría; en su extrema pobreza derrocharon generosidad… A la medida de sus fuerzas dieron, lo atestiguo, incluso por encima de ellas” (2Co 8,1-3).

En el Reino sí hay lugar para los ricos que se guían por el ejemplo de Jesús: “Que siendo rico, por ustedes se hizo pobre para enriquecerlos con su pobreza” (2Co 8,9); de otro modo, que no les extrañe recibir la acusación de Jesús: “¡Ay de ustedes, los ricos!, porque ya recibieron su consuelo” (Lc 6,24). Con la misma dureza, a todos los empresarios que no cumplen sus obligaciones de justicia con sus trabajadores, el apóstol Santiago les recuerda: “Y ahora les toca a los ricos: lloren y giman por las penas que se les avecinan. Su riqueza está podrida, sus vestidos apolillados, su plata y oro corroídos; su herrumbre atestigua contra ustedes, se consumirá su carne como fuego. Atesoraron para el fin del mundo. El jornal de los obreros, que no pagaron a los que segaron sus campos, alza el grito; el clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor Todopoderoso” (Sant 5,1-4).