El abuso de poder: tres casos bìblicos

EL ABUSO DE PODER: TRES CASOS BÍBLICOS Hay estudios modernos que analizan la psicología de los que detectan el poder (político, institucional, familiar o religioso) y reconocen que hay un complejo mecanismo que convierte a las personas en tiranos, incapaces de dialogar, aferrados a dogmas o leyes que abalan el poder de uno solo. La Biblia reconoce el abuso de poder como origen de variados pecados, veamos tres casos.


Las advertencias de Yahveh contra la monarquía: Antes de los reyes hubo en Israel un sistema de liderazgo ejercido por los jueces, incluso una juez, que estaba de acuerdo con el carácter tribal de los primeros israelitas. Esta época es recordada con cierta melancolía como un período en que los reyes, o el poder puesto en una sola persona, son vistos como negativos: “Por entonces no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien” (Jc 21,25).

El deseo de entregar el poder a una sola persona es contrario a la voluntad de Dios: “Samuel comunicó la Palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: Éstos son los derechos del rey que los regirá, a sus hijos los llevará para enrolarlos en destacamentos de carros y caballería y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamentos y de pertrechos para sus carros.  
A sus hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Los campos, viñas y los mejores olivares de ustedes se los quitará para dárselos a sus ministros. Del grano y viñas de ustedes les exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros…” (1Sa 8,10-16).

La corrupción como consecuencia del poder absoluto: La Biblia no esconde que los reyes más poderosos emplearon ese poder para abusar del pueblo, y este poder absoluto acarreó grandes desgracias a Israel. Los ejemplos más notables son, mencionados varias veces en esta columna, el abuso de poder de la reina Jezabel (1 Re 16-2 Re 9) quien movida por la ambición no duda en crear una red de engaños, manipulación de funcionarios, falsos testimonios, asesinato y apropiación ilícita; y el despotismo de David, quien movido por la lujuria, no duda en enviar a su general más fiel al frente de la batalla para que muera y quedarse con su esposa. En este caso también emplea su autoridad total para que otros resulten los responsables de su crimen (2 Sam 11-12).

Los reyes y las bestias del Apocalipsis: Los emperadores romanos, llamados reyes en el último libro bíblico, son cuernos de la bestia, un emperador de mayor poder: “Los diez cuernos que viste son diez reyes que todavía no reinan; pero durante una hora compartirán con la bestia la autoridad. Tienen un solo propósito y someten su poder y autoridad a la bestia” (Ap 17,12-13). La última bestia, la más poderosa y abusiva (¿Nerón? Diocleciano?), finalmente es vencida: “reúnanse para el gran banquete de Dios. Comerán carne de reyes, carne de generales, carne de poderosos, carne de caballos con sus jinetes, carne de libres y esclavos, de pequeños y grandes. Vi que la fiera y los reyes del mundo con sus tropas se reunían para luchar contra el jinete y su tropa… (Cristo y su iglesia)” (Ap 19,17-19).

El único poder absoluto que acepta el cristiano es el poder de Cristo, que rige nuestras vidas no como un rey tirano sino como un cordero: “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, el saber, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza” (Ap 5,12). Entregar poder absoluto a un ser humano es un error, abusar del poder es infame porque permite que los buenos sufran y merece todo nuestro repudio.