Pentecostes Jn 20, 19-23. D. 08.06.14 El Espíritu da Vida

pentecostesPENTECOSTES JN 20, 19-23. D. 08.06.14 EL ESPÍRITU DA VIDA Los discípulos temerosos, por el enfrentamiento con las autoridades judías, permanecían encerrados (V.19). Habían experimentado la alegría de Jesús Resucitado, y la viven. Les da la paz, el shalom que quiere decir vida, serenidad, armonía, tengan valor y ánimo para anunciar el Evangelio. Los envía a la misión: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”(v.21). Y sopla sobre ellos. Les da el Espíritu Santo, que es como una nueva creación. La Iglesia nace por la fuerza del Espíritu. Es su bautismo de fuego.  ESCUCHAR AUDIO

Pentecostés, cincuenta días después de la Pascua, marca el nacimiento de la Iglesia. Es la garantía que Dios conduce a su pueblo, con ese espíritu de verdad y de libertad.
Los discípulos transforman su vida. Ya no sienten temor, sino que se convierten en una comunidad profética, abierta a toda la humanidad.

Lucas nos describe que el don de lenguas, significa el proyecto salvífico de Dios en su propia lengua y cultura. El Espíritu Santo unifica, crea armonía en una humanidad dividida. Es el Espíritu de Dios que reconcilia y armoniza a la humanidad para encontrar en Dios la fuerza y la sabiduría que nos hace comprender la urgencia de vivir una vida según el Espíritu. Jesús al soplar sobre ellos, les dio discernimiento, alegría y poder para perdonar los pecados.
Hoy tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu Santo con la oración, alimentarnos de la Palabra de Dios y proclamarla sin miedo, vivirla y practicarla.

El Espíritu nos hace hijos de Dios, viviendo la libertad y comprometiéndonos en luchar contra las obras de la injusticia, corrupción y acomodo a los ídolos del poder y del dinero. Sólo la fuerza del Espíritu de Dios hará posible una comunidad nueva, fraterna, reconciliada.

Actuar con la presencia del Espíritu es buscar a Dios, en medio de las situaciones difíciles. Nos exige fidelidad al mensaje de Jesús. Coraje para decir y vivir la verdad. Hablar el lenguaje de Dios para que sea entendible hoy, es hacerle presente en la búsqueda de la dignidad de cada persona. Es vivir como comunidad la experiencia de la fuerza de Dios que pide a sus hijos una mejor redistribución de la riqueza, para que la mayoría no vivan maltratados ni marginados, sino para que respetemos la imagen de Dios plasmada en cada mujer y varón, cualquiera fuere su raza, lengua o nación. Vive el Espíritu de Dios y tendremos la fuerza y libertad para construir una comunidad fraterna y solidaria (Fr. Héctor Herrera, o.p.)