Familia: un desafío y una frontera para la evangelización

padrehectorFAMILIA: UN DESAFÍO Y UNA FRONTERA PARA LA EVANGELIZACIÓN (Por: fray Héctor Herrera).-  Lino era su nombre, hijo de Gloria y Germán.  Su madre Gloria es una mujer cristiana muy comprometida. Desde que llegaron los misioneros dominicos de la Provincia de San José a Chimbote.

Ella pertenecía a Juventud en Marcha. Como profesora, dedicó su vida junto con otros amigos a la formación de la niñez y de la juventud. Me apoyó mucho en la Catequesis Familiar, formó a los jóvenes, como Alexis, entre muchos.

Lino, llevaba el nombre del Padre Espiritual de muchas generaciones, fray Lino Dolan. Y por tenerle tanto aprecio y cariño a este gran misionero, uno de sus hijos llevaba su nombre. Lino Avendaño se ha ido de este mundo, muy  joven. En este hogar hay tristeza y dolor, pero una gran convicción de que su fe no es en vano, han sabido sobreponerse de ésta pérdida porque su fe en el Dios de la vida, les da la fuerza y la esperanza, porque sintieron la compañía de la Iglesia.

Gloria y Germán, son una familia pobre y consecuente, como muchas familias de Perú y del mundo, a las que la Iglesia, les abre hoy el Evangelio de la fe y de la alegría. Justamente se va a celebrar en octubre el Sínodo Extraordinario de la Familia, que el buen Obispo de Roma, el Papa Francisco, se ha dignado convocar a todos los pastores, para volver nuestra mirada a uno de los centrales desafíos de la Iglesia de hoy, para escuchar, fortalecer y dinamizar la fe en la familia. Porque vuelve su mirada a Nazaret, donde el mismo Jesús quiso nacer, crecer y dar unidad al compromiso del varón y de la mujer, que alcanzan su madurez a través de la comunicación, del diálogo que es un escucharse y un decirse, donde se proyecta esa comunicación profunda de los hijos, como el primer tesoro que Dios da a una pareja.

María y José vieron crecer a Jesús, compartieron la fe, la alegría, la esperanza. Vieron crecer a su hijo adolescente y guardar su palabra en su corazón (Lc. 2,51-52) Y el hijo iba creciendo en edad y en sabiduría.

En el corazón de la familia, lo que nos hace crecer y madurar es el amor, la ternura, la compasión, el acompañamiento y el respeto que se fundamenta en la comunicación para que una familia se sienta feliz. Porque donde hay amor, allí está Dios.

María vio al hijo de sus entrañas agonizar y morir en una cruz. Pero aún en la muerte, sacó fuerzas para gritar “Mujer allí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). Jesús, el Señor de la vida y de la historia, no nos deja solos. Con su muerte nos dio vida, para que hoy los pastores de la Iglesia, escuchen el clamor de las familias, que piden una luz frente a los enormes desafíos no solo económicos, sino morales.


La familia es un reto y un desafío para presentarle la buena nueva, encarnada dentro de una realidad concreta. Escucha, formación, preparación de niños y jóvenes, sobre todo de quienes aspiran a vivir la vocación matrimonial, se presenta como una prioridad y una nueva frontera para la Iglesia.

Si queremos sanar el corazón de la sociedad, ser una Iglesia samaritana y que sale en busca de la familia, tenemos que aprender del Maestro Jesús a escuchar y formar, a presentarles el rostro de una Iglesia que es pueblo de Dios en camino, que asume las alegrías, esperanzas, tristezas y anhelos de las familias de nuestro tiempo. (Presidente de CECOPROS)